Mapeo temporal
LÍNEA DE TIEMPO ESPIRAL
Las personas migrantes, definidas siempre en un gerundio que no acaba, que siempre está en proceso, que nunca acaba de llegar, de estar, de ser… Nace una nueva identidad a partir del proyecto migratorio, pensado en algún momento como un proyecto con un origen y un destino, con inicio y fin, y que, sin embargo, se vuelve un proceso continuo donde la llegada y la estancia forman también parte de la experiencia migratoria.
La constante extranjerización de las personas migrantes y racializadas se perpetúa en el tiempo a través de las múltiples experiencias de discriminación, violencia, des-integración, burorrepresión… que no entiende de tiempo de estancia ni de lugar de nacimiento, pero sí de origen y de raza. También el género y la orientación sexual juegan su papel, puesto que la interseccionalidad de los cuerpos hace indisociable la identidad como mujer y como persona migrante/racializada. Inferiorización, infantilización, sexualización o acoso sexual, son algunas de las formas propias de violencia que se experimentan al mismo tiempo.
Otra noción del tiempo se dibuja sobre la experiencia migratoria de las mujeres del Sur global, que no es lineal sino espiral, que vuelve sobre sí misma y que habita varios tiempos y espacios. Vivir en un eterno Nepantla, en términos de Gloria Anzaldúa, una subjetividad nómada, fronteriza, que habita entre dos (o más) mundos. Un legado indígena que también nos da pistas para salir de la concepción del tiempo occidental y de la colonialidad que pervive en nuestros días.
¿En qué consistió el ejercicio?
El primer ejercicio para mapear las diferentes vivencias de discriminación y violencia por parte del grupo de mujeres fue la construcción colectiva de una línea del tiempo a partir de 2008, la fecha de inicio consensuada, hasta el año presente, 2024. Para ello, se llevó a cabo previamente una aproximación a los diferentes tipos de violencias y opresiones sistémicas (violencia de género, racismo, violencia institucional, violencia simbólica, necropolítica…) con ejemplos y testimonios, de manera que las mujeres migrantes y racializadas re-conocieran aquellas situaciones que se ubicaban dentro de estos conceptos y así asentar y armonizar aquello a mapear.
Trazar esta línea del tiempo colectiva nos permitió plasmar las vivencias tal y como son, tal y como se viven, en nuestros cuerpos e identidades únicas, sin necesidad de clasificar y dividir por género, raza, origen, etc. También pudimos visualizar la intensidad, frecuencia, repetición, duración y pervivencia de estos sucesos y desenmascarar así su carácter sistémico y estructural. El resultado fue la composición de una pequeña genealogía grupal de violencias y resistencias que servirían de insumo para las siguientes fases del mapeo.